
Una maldita pesadilla nubla su sueño. Un nuevo despertar bajo el embrujo de oscuros pensamientos y el cuerpo empapado en sudor. Apenas si han transcurrido dos horas desde que cayó fulminado en su lecho, abrumado por un copioso ágape, y el caluroso abrazo de un caldo del país. Su dama aun duerme, y con extremada delicadeza, se levanta del catre a saciar su sed, posiblemente basada en un exceso de aderezo en la cena.
Haze estudiaba su castigado aspecto frente al espejo a la vez que se refresco con un poco de agua helada por el roció de la noche.
-¡Malditas hadas del bosque, dejadme dormir ya!
Un inquietante silencio reina en su torre, mientras baja las escaleras que le llevan a su salón de lectura, refugio improvisado de largas noches de insomnio. Sobre la mesita, su caja de hierba para fumar, y su pipa de hueso, regalo de su hermano en uno de sus viajes a oriente. Al asomarse al balcón, se quedo atónito al ver el increíble espectáculo que las luciérnagas del cielo le proporcionaban y una leve sonrisa se dibujo en su cara. El bosque bullía de vida nocturna y se quedo absorto mirando las pocas nubes que pasaban frente a la luna nueva de noviembre.
El cantar de los grillos en la noche,era quizás el único sonido perceptible en ese momento,y sentado en su butacón de cuero estiro las piernas y tomo unas bocanadas de sabroso humo.
Los ojos le escuecen, su cabeza explota repleta aun de vagos recuerdos de su reciente pesadilla, y el embriagador sueño le llama.
-¿a que es debido este castigo? Ya no sabe que pensar, pero se encuentra cansado, hastiado de su rutina nocturna,añorando aquellas noches de infancia sin contratiempos, de sueños dulces y reconfortantes, de abrazos calurosos y de paz.
El frió de la noche hace mella en su piel y se ciñe su bata de seda oriental antes de volver al lecho donde su princesa aguarda fundida en un profundo sueño.Una pizca de aire fresco cruza el salón mientras cierra la puerta de su dormitorio, y con sumo cuidado acopla su cuerpo al lado del calor que su amada desprende.
En el salón, la luz de la vela se apaga, y una figura gris y tenebrosa observa desde una esquina.
-Duerme ya joven príncipe. Ya no interrumpiré tu sueño mas. Dejare que descanses, pues ya se de que esta lleno tu corazón, y aunque lo añore para mi, se que no me pertenece.
La dama oscura del lago, funde su cuerpo con el viento y abandona la torre saltando al vacío de la noche. Una lágrima, en forma de cristal oscuro, es la única huella de su reciente visita.